BIENVENIDO

Después de un largo camino, siempre es agradable conversar... aunque hay veces que el silencio es más sugerente.

domingo, 9 de octubre de 2011

Bérgamo. La ciudad baja.


El mismo día que nos volvemos a casa, después de nuestro viaje a Rodas, la mañana, la pasamos en Bérgamo. Serán unas cuantas horas, ya que nuestro avión, que nos dejará en Zaragoza, sale a mediodía. Como el aeropuerto de Bérgamo está cerquita, podemos apurar el tiempo en la ciudad. 
Eso sí, esta vez no nos moveremos de la llamada "ciudad baja" en Bérgamo.



La visión más moderna de la bella ciudad lombarda.


Con mucho menos interés que la "ciudad alta", es verdad, pero bien vale la pena perderse por sus calles y descubrir sus rincones. 
Así lo hacemos, de manera algo desordenada. Dejándonos llevar y disfrutando de la mañana soledad que nos depara el primer día de julio.
Acercándonos hasta alguno de sus vetustos edificios en cuyos balcones ondea la bandera italiana.



Curioseando por sus tiendas, sintiendo una especial predilección y debilidad  por las librerías.


Y, por supuesto, entrando en cada una de las iglesias que hoy, día laborable, mantienen sus puertas abiertas.
 

Le tomamos el pulso a lo cotidiano.



No sabemos muy bien qué es lo que estamos viendo ni pretendemos hacer un recorrido monumental. Si ayer disfrutábamos de una parte de Bérgamo extremadamente turística y como de museo, hoy, vemos un Bérgamo real, no tan bello pero con el encanto de la autenticidad. 

 No hay demasiados visitantes por esta parte, que los propios habitantes de Bérgamo llenan con su día a día.
Nuestra sensación es que se trata de una ciudad en la que vivir debe de resultar muy cómodo. 
No demasiado grande ni demasiado pequeña, con los servicios adecuados. Tampoco excesivamente ruidosa, (y aquí nos acordamos de la más que bulliciosa Nápoles, que conocimos a fondo en un pasado viaje) y aunque, como en el resto de Italia, las motos son un elemento que forma parte del paisaje urbano, no nos cabe ninguna duda:

Bérgamo es una ciudad tranquila.

Paseando, paseando, llegamos hasta una zona de edificios oficiales...



... de los que vemos salir a algún que otro ejecutivo.


Antes de dejar esta zona, fotografiamos una curiosa fuente que llama nuestra atención.


Una de las calles más importantes de la ciudad baja es la "viale Papa Giovani XXIII" que lleva hasta la estación. Una torre con reloj forma parte de la silueta característica de la zona, aunque hoy la encontramos en plena reparación.


Por aquí la vemos un poquito mejor.


Bien, pues parece que nuestro paseo va llegando a su fin. Decidimos hacer un almuerzo rápido antes de volver a nuestro alojamiento a recoger nuestras cosas y ponernos en marcha hacia el aeropuerto.


Compramos unos trozos de pizza y unas bebidas y, acomodándonos  en este apartado rinconcito, junto a una fuente, cumplimos nuestro objetivo. Recordamos con nostalgia la maravillosa pizza de "Il Fornaio". 

Hay veces que las comparaciones son odiosas.









LLegó el momento de marchar y no lo hacemos sin una cierta nostalgia. 


Hemos disfrutado de Bérgamo y nos vamos contemplando una de sus más bellas perspectivas, la que nos lleva desde la ciudad baja hasta la ciudad alta, que la corona, ofreciéndonos su imagen más característica.
Se acabó la primera parte de nuestras vacaciones, la parte viajera, que es la más emocionante y divertida. Aunque nuestros viajes son humildes, a nosotros nos hace falta poco para sentirnos grandes exploradores.


Otro viaje para recordar en los largos días de invierno.


¡Hasta pronto Bérgamo!


 ¡Ciao, Italia!

miércoles, 5 de octubre de 2011

De nuevo en Bérgamo.


Aunque sea de paso. Porque para nosotros Bérgamo siempre es una ciudad preciosa, pero de paso. Cosas de los vuelos. Nos viene estupendamente hacer escalas en la pequeña ciudad lombarda y desde allí marcharnos a alguna otra parte. Por ejemplo este verano a Rodas. A la vuelta, ya para casa, tuvimos la oportunidad de pasar una tarde entera paseando por sus calles, lo que siempre nos gusta, porque si aún no lo he dicho, Bérgamo nos parece una ciudad preciosa. Claro que hoy, lo que se dice hoy, nos recibe con lluvia.




No nos importa demasiado. Hasta le da un cierto aire melancólico a la ciudad. Así es que una vez instalados (esta vez lo hemos hecho tanto a la ida como a la vuelta, en el "Bed and Breakfast" Romeo y Julieta, muy bien por cierto) nos vamos a pasear por ahí. 


Primero por la ciudad baja... ya sabemos eso de que Bérgamo tiene dos ciudades, la alta (la chula) y la baja (la normal) y que aunque la fama se la lleva la primera, la segunda no se queda atrás en bonitos rincones a descubrir...

No somos los únicos a los que no nos importa que la climatología no nos acompañe. Un pintoresco grupo de africanos espera en la parada del autobús. El colorido de su indumentaria y los instrumentos que llevan consigo y que hacen sonar improvisadamente, alegran esta tarde que se presenta de una tonalidad más bien gris...


De momento nos acercamos al funicular para subir hasta la ciudad alta. Hubiéramos podido subir andando, pero lo del funicular tiene su gracia y como, después de todo, estamos ya finalizando nuestro viaje, estamos ya un poquito cansados y sin ganas de esforzarnos. 
Al menos quién esto escribe, que fue (lo confieso) la que más insistió en aquello de "¡escaleras no, por favor!".


Una vez arriba, y con el cielo más despejado (menos mal) el reencuentro con la ciudad alta, que nos regala, si miramos con atención, muchos bonitos rincones a nuestro paso.


Muy pronto nuestros pasos nos conducen hasta el corazón de Bérgamo. Punto de encuentro de todos los turistas. No hay viaje ni visita a Bérgamo sin detenerse en su Piazza Vechia. Y en el centro de la misma, la hermosa fuente Contarini, en honor al alcalde veneciano que la hizo construir en el s. XVII.








En el Palazzo della Ragione, que rodea la plaza, parece que hay una exposición interesante. 




Vayamos a verla.

Se trata de la exposición de pintura "Vincere il tempo". Nos acercamos para verla, pero era casi la hora de cerrar y la entrada era de pago. Así es que nos quedamos con las ganas de ver esta exposición, de la Academia Carrara (al parecer en labores de restauración) de una selección de las obras de la Academia. 


Sugerente título "Ganar el tiempo, la pasión de arte y de regalo a la ciudad", algo así. 
En italiano suena más bello.


Nos quedaremos con las sugerentes imágenes que anuncian la exposición, como la de este encantador balconcito...


Por cierto que en los soportales de la plaza parece haber movimiento, algo se está preparando. 








Hay colocado un escenario... unos músicos que ensayan... Pero de esto tendremos noticia más adelante.







Una última fotografía de la exposición con "Il Campanone" al fondo que, recordemos, cada noche da cien repiques de campana, a las diez de la noche, para recordar el toque de queda.



Nos vamos a la búsqueda de nuevos escenarios, aunque volveremos por aquí.

Desde la Piazza Vechia podemos asomarnos hasta la Piazza Duomo. No nos impresiona porque ya la conocemos, pero realmente la belleza de la Basílica de Santa María Mayor y sobre todo, de la anexa Capilla Colleoni, llena por completo el objetivo de nuestra cámara. 


Si es que vale la pena volver a Bérgamo, sólo para poder admirar de cerca estos monumentos únicos...


Una de las perlas del renacimiento lombardo. 

Bueno, pues por tener el dato completo, diremos que fue construida en 1472 por Bartolomé Colleoni, como su capilla funeraria. 

Sí que estuvo inspirado Colleoni... el resultado es magnífico.






En la entrada a la Basílica, de nuevo, fotografías de rigor con los irresistibles (para nuestras hijas) leones sobre los que se apoyan las robustas columnas del pórtico de la entrada.


Bérgamo es una bella ciudad para ser contemplada. Y también es una ciudad cuidada hasta el más mínimo detalle. De detalles hablaremos, y de tiendas, o mejor, de encantadores comercios que reclamarán nuestra atención como diciendo "¡Eh, el de la cámara! ¿no vas a sacarnos una foto?" 


 Y sí, cómo no, obedientemente, fotografiamos los detalles de las paredes al abandonar la plaza.
El bonito cartel del albergue...



O la tienda de los sillones y butacas, que están ahí, como abandonados a su suerte... 





Tenemos tiempo para descubrir rincones que quedan algo olvidados y apartados del trillado recorrido del turista.




Aunque hoy, la ciudad permanece muy tranquila y el solitario músico parece más solitario que nunca.




Y hablando de música, un concierto nos espera en la Piazza Vechia.
 Así es que tras tomar la que calificamos "la mejor pizza de nuestra vida" en la Pizzeria "Il Fornaio", pizzas para llevar que nos tomamos en la misma plaza, junto con los músicos, que hicieron lo mismo que nosotros, nos apresuramos para tomar buen asiento y disfrutar de un gratuito concierto del que no sabemos nada.

Bien, pues el público ya está situado...


Y el espectáculo comienza:


Coincidiendo con el 150 aniversario de la unificación italiana, el espectáculo de esta noche lleva por título "La Garibaldina" y alterna animadas canciones con monólogos (cuya literalidad nos perdemos aunque nos gusta la sonoridad de la lengua italiana) que, suponemos, van narrando momentos gloriosos de Don Giuseppe. 

 Así es que, ironizando sobre cómo podría resultar un espectáculo de estas características en nuestro país, la noche en Bérgamo se vuelve patriótica, e iluminada a trozos por la bandera tricolor.


Pero todavía no nos vamos de Bérgamo...

domingo, 25 de septiembre de 2011

VACACIONES EN RODAS - FIN DE VIAJE


29 junio de 2011 

 Para el último día no tenemos reservada ninguna ruta fuera de la ciudad. Se lo dedicamos íntegramente a Rodas. Así es que después del desayuno nos vamos a la ciudad vieja sin más tardar.

 Primera visita: La mezquita de Soleimán el Magnífico.



Se trata de un edificio ubicado en lo que primero fue Iglesia de los Apóstoles. 

Construido en honor del Sultán tras la conquista de Rodas en 1522. Se conservan las fachadas del periodo de los caballeros, pero enriquecido con el carácter de la arquitectura otomana.


En plena ciudad antigua los minaretes de la mezquita de Soleimán forman parte de su inconfundible silueta. 













 Hoy vamos a entrar a verla.


Nos descalzamos, como es preceptivo en las mezquitas, y entramos.



El suelo está alfombrado, lo que nos permite pasear por el interior del edificio con mucha comodidad. 

 Tiene un encanto especial y, aunque no está precisamente consagrado al culto, hay algún turista, de religión musulmana, que aprovecha para rezar sus oraciones en el interior.


Más tarde visitamos también la biblioteca musulmana, que está justo enfrente.

 Fundado en 1794 por el turco Rodino Ahmed Hasuf, contiene manuscritos persas y árabes y una colección de coranes escritos a mano en pergamino.

Un edificio bien conservado que cuenta con jardín. Tras la conquista turca de la isla, las construcciones de los caballeros fueron conservadas. Eso sí, se enriquecieron con la influencia oriental.

 Las adiciones más características fueron los baños, fuentes y los balcones de madera, cerrados en las fachadas, sobre las callejuelas estrechas.


Es una zona muy bonita para pasear por aquí. Y hablando de los turcos pasaremos al siguiente tema y punto del recorrido, ya que resultaron ser bastante tolerantes con otras comunidades, por ejemplo con los judíos.

En el Barrio Judío, algo alejado de la parte central de la ciudad, hallamos un monumentos a los mártires judíos asesinados en los campos de concentración nazis.
La plaza en la que nos hallamos, fue bombardeada durante la 2ª guerra mundial, había una pequeña fuente, sustituida hoy, por otra con unos caballitos de mar. 

Pero vayamos atrás en el tiempo… Durante el reinado de los Caballeros, los judíos de Rodas (cuya presencia data del siglo II) fueron relegados a la sección sudeste de la ciudad vieja y en el año 1500 expulsados de Rodas por uno de los Grandes Maestres. Los turcos decidieron repoblar la sección judía e invitaron a judíos de diferentes partes de su Imperio a venir a Rodas. Si los judíos que había anteriormente eran griegos y seguían el rito llamado “romaniote”, resulta que los que llegan a Rodas en la época turca, son los sefarditas que, tras su expulsión de España en 1492 hallaron refugio en el imperio otomano. Curioso ¿no?

Vamos a visitar la sinagoga "Kahal 
Shalom".


Allí nos recibe Samuel con un sonoro “Shalom”. Yo suelo llevar un foulard grande para echármelo sobre los hombros cuando entro en las iglesias, así es que ya voy bien. A mi marido le ponen el típico gorrito hebraico (no recuerdo el nombre) y nos invita a sentarnos para hablar con nosotros.  

Cuando se entera de que somos españoles comienza a hablarnos en su lengua, o sea la que trajeron los judíos sefarditas y conservaron, el ladino, el judeo-español. Nos pregunta si le entendemos y la verdad es que sí, perfectamente, salvo algún matiz. Es como oír hablar en una especie de castellano antiguo. Nos cuenta lo de la comunidad judía, descendiente de los judíos expulsados de “Isabella, la católica”. 

Nos cuenta que la mayoría llegaron de Toledo. Y allí permanecieron en Rodas, en la Judería, hasta el negro periodo del nazismo. Así en 1944 los judíos de Rodas fueron llevados a los campos de exterminio de Aushwitz y mientras decía esto, nos enseñó su marca en el brazo. Así pues, él era un superviviente. Sería casi un niño entonces. 

De los mil seiscientos setenta y tres miembros de la comunidad judía que fueron deportados, sobrevivieron 151 habitantes.



Hay una placa conmemorativa con el apellido de las víctimas. 

 Visitamos la sinagoga, que sigue el estilo tradicional sefardita, en la que se celebran servicios religiosos para los turistas judíos o los residentes en Rodas. Son ahora muy pocos y esta es la única sinagoga de la ciudad. Llegó a haber seis.



Hay un pequeño museo que también visitamos.



Ha sido muy interesante estar aquí. Me llevo un libro que cuenta las penas y avatares de un judío sefardita durante la segunda guerra mundial y que actualmente vive en Argentina. Seguimos paseando por las calles que están junto al Barrio Judío que tienen el interés de no estar ya en la zona turística, así es que te encuentras a la poca gente “normal” que vive por el Barrio. Me vuelve a llamar la atención que la gente permanece con las puertas de sus casas abiertas.



Aquí y allá observamos pequeños detalles que hacen más sustanciosa la visita, como el ojo protector que suele haber a la entrada de las casas.


Motos, sillas...
Ropa tendida... 

Aprovecho para decir que no parece haber ningún problema en cuanto a seguridad. Todo es muy tranquilo. En un supermercado de la zona nos hacemos con unas provisiones para comer, ya que tenemos intención de ir un ratito a la playa en honor a las niñas, que están permitiendo que sus padres puedan hacer alguna visita cultural, de las que tanto les gustan. (Eso dicen) 

 Así lo hacemos, un ratito a una playa cercana, que será la última del viaje. Hace algo de viento, pero se remojan bien, sin importarles demasiado las olas que vienen y van.


Disfrutando como niñas. 

 Por la tarde volveremos al puerto. El Puerto Mandraki atrae como un imán. El azul del mar, las embarcaciones, los molinos de viento y las figuras de los ciervos que indican el lugar en el que pudo estar el coloso… es una imagen tan de Rodas, que suele ocupar las portadas de libros y guías.



Estuvimos por aquí el primer día y volvemos el último. Tienen algo de melancólico estos paseos en las últimas tardes, pasa en todos los sitios. Oímos hablar español más que el resto de los días en los que nos hemos movido por la isla y debe de ser por el desembarco de los cruceros.


Vemos a muchos cruceristas pasando la tarde aquí. La situación de los barcos es justo al lado de las murallas de la ciudad antigua, no sé el tiempo de que dispondrán, pero pueden aprovechar el tiempo dándose un paseo por la ciudad antigua, haciendo compras o alguna visita. Nosotros simplemente paseamos, observando las banderas de las embarcaciones de recreo y soñando (porque otra cosa no podremos hacer) en cómo será un viaje por el Mediterráneo a bordo de una de ellas.



En la ciudad antigua nos queda aún una visita pendiente. Entramos por una puerta por la que todavía no habíamos pasado junto al puerto. Llegamos al antiguo edificio del hospital de los Caballeros, en el que hoy se encuentra el Museo arqueológico de la ciudad.


La construcción ya tiene su historia, porque previamente a los caballeros, lo que había eran restos de una construcción romana. En 1440 se inició la obra por el Gran Maestre D,Aubusson que siguió líneas similares a las posadas bizantinas. Los otomanos lo usaron igualmente como hospital. Una vez más, la restauración corrió a cargo de los italianos durante la época de ocupación. Explico esto porque realmente en el Museo Arqueológico, el edificio merece una visita por si mismo. No podían haber encontrado un lugar mejor para la muestra de restos arqueológicos de todas las épocas. Amplios patios que están rodeados de galerías con escalera de acceso a los pisos superiores, igualmente con galerías. 

 Es una suerte haber dejado esta visita para el final, creo que lo haré siempre así. Y es una suerte porque así podemos apreciar mejor lo que vemos.



Hemos visitado yacimientos Arqueológicos en Rodas, hemos ido viendo capítulos de su historia tan rica y variada y ahora, tenemos aquí muchos de los restos que enlazan con unos y otros. Ahora todos los nombres nos suenan más, tienen un sentido que apreciamos mejor. Restos de la acrópolis de Rodas, de Yalissos, Lindos y Kámiros, las tres ciudades antiguas. Objetos que pertenecen a la vida que allí tuvo lugar alguna vez y que hoy nos hablan.



Helios, creador de Rodas en los relatos mitológicos, tiene un lugar destacado.
En una gran sala central también encontramos las inmensas lápidas funerarias de los caballeros con nombres de caballeros españoles, que por aquí estuvieron. 

 Mucha escultura griega, aunque la hallamos muy deteriorada, ya que esta isla ha sufrido demasiado en desastres naturales y humanos. Estos restos deteriorados lo atestiguan. 



En el museo, una escultura famosa, a la que mis palabras no van a hacer justicia alguna. La Venus marina, la increíble estatua de Afrodita, parece que del siglo I a de C., que se encontró en el fondo del puerto de Rodas, perjudicada por el agua del mar (“Estatua de mujer, periodo incierto”).


L. Durrell se recrea en su descripción:
“Apareció como nacida de la espuma, haciendo girar con lentitud su elegante cuerpo, de un lado a otro, como saludando a su público…” 
 Supongo que sus palabras me influyen, pues no me canso de contemplarla. Fue trasladada al Museo y allí está en una pequeña urna de cristal. 

 “… intensamente concentrada en su vida interior, meditando con gravedad sobre las obras del tiempo…” 

 Es de una delicadeza y una gracia que te deja pegado al cristal, desde el que sonríe, con su rostro de piedra lamido por el mar, a todo aquel que se acerque hasta ella.

 Nuestras hijas hace ya rato que se han cansado de esta visita y están esperándonos en el patio. Vamos a por ellas y les anunciamos que hemos terminado nuestras visitas culturales en este viaje.


Poco nos queda por hacer. De las compras, teniendo en cuenta que sólo llevamos equipaje de mano, tampoco podemos explayarnos mucho. Así es que se van a reducir a un icono (teníamos localizado un puesto en el que los pintan a mano) de la Virgen de Fileremo, algunos adornos con cuentas de cristal azul, que son típicos de aquí. Resultan visualmente muy atractivos y todavía se utilizan (los hemos visto incluso incrustados en el suelo de alguna casa) y algún marcapáginas, imanes… bueno, lo típico para regalar. 

 La cena, que tiene que ser un poco especial, ya que es el último día, la haremos en un restaurante ¡que no tiene camarero en la puerta invitándote a pasar! (esto es raro ¿eh?), está un poco como escondido en una callejuela, y se llama “Costas”. Es gratificante saber que pides cualquier cosa, sin saber lo que es y no te desagrada . Todo está buenísimo. Hoy, hasta pedimos media botella del vino típico “retsina”, tan aromático. 

Con él brindamos por Grecia y por la isla de Rodas.

 Volveremos a nuestra escalera en la plaza de Hipócrates (hemos venido todas las noches y hoy no iba a ser menos), a observar el ambiente.



Mañana ya no estaremos. Nuestro viaje comenzó y finalizó también en Bérgamo. Hasta allí volamos desde Rodas para coger al día siguiente nuestro avión a Zaragoza. La pequeña ciudad lombarda siempre nos reserva alguna sorpresa. Tenemos una tarde entera para pasear por la “Citta alta” y hasta podemos escuchar un concierto conmemorando a Garibaldi y en honor a los 150 años de la unificación italiana. Pero mi mente y mis pensamientos continuarán por unos días en Grecia y está decidido que al año que viene, volveremos a encontrarnos con sus dulces paisajes. 

Volveremos a contemplar el puro azul mediterráneo del mar Egeo. 

 Esta ha sido nuestra experiencia, que espero pueda ser de utilidad a algún futuro viajero a la isla de Rodas.

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