BIENVENIDO

Después de un largo camino, siempre es agradable conversar... aunque hay veces que el silencio es más sugerente.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Una semana en Nueva York - Downtown

20 de julio de 2014

Hoy es lunes, y por tanto un día perfecto para explorar la parte baja de la ciudad, que tal vez podremos ver en plena actividad. 

De momento, a la hora de coger el metro, nos encontramos con un atasco considerable. Cientos de neoyorkinos se dirigen a sus trabajos u ocupaciones.  Es una auténtica colonia de hormigas de diferentes colores. Si te sientas en el metro y observas, ves todas las razas imaginables. Una mezcla increíble de gente de todos los lugares del planeta, que se asume aquí con toda naturalidad. 

Bajamos en la estación de metro City Hall, la del Ayuntamiento de la ciudad.
Ante nuestros ojos el llamado New York by Ghery, para muchos, el mejor rascacielos de la ciudad. A mí me encanta.

Nos encontramos también con el ayuntamiento, por supuesto. De ahí el nombre de la estación de metro, City hall. 



También hay un pequeño parque que atravesamos. 

Los parquecitos que te vas encontrando, están siempre llenos de gente que descansa del bullicio, lo cual es muy agradable, porque fuera de ellos hay un maremagnum de personal que viene y va y, sobre todo, ruidos, muchos ruidos, que te dejan algo aturdido. 


 Atravesando el parque, lo primero que vemos en la gran Avenida Broadway, en la que desembocamos, es el llamado Woolworth building, inspirado en las catedrales góticas y el más alto del mundo hasta 1930.

Cada uno de los rascacielos tiene su personalidad. Desde luego, Nueva York lo pone fácil para las fotografías.

Uno de los más recientes que queda igualmente a nuestra vista es el One World Trade Center, conocido como Freedom Tower o Torre de la Libertad, todavía no terminado. 

A su lado, se puede apreciar la torre de la capilla de Saint Paul, en obras, como muchos otros lugares de la ciudad.

 Esta pequeña capilla, es famosa porque en ella oró tras su investidura George Washington y también porque sirvió se refugio a los grupos de ayuda y de apoyo que se formaron tras los atentados del 11 de septiembre, muy presente en toda esta zona. 

Se le llama la capilla del milagro, pues no sufrió daños a pesar de su cercanía a la catástrofe. 

Entramos y vamos a ver una gran sala, que más parece un museo que una iglesia, llena de recuerdos. 



Todo lo relacionado con el 11S quizá es lo que más llama la atención. Muchos emblemas de grupos de salvamento, llegados de todos los países, algunas fotografías de las víctimas, incluso se expone una cama usada por los voluntarios, en momentos de descanso, tras muchas horas de búsqueda de supervivientes entre los escombros...



También hay recuerdos del gran incendio de Nueva York, del siglo XIX, o sea, un poco de todo.  

Puedes pasar un buen rato observando, pues es un lugar emotivo.

En el exterior nos encontramos con un pequeño cementerio anexo, en el que reposan algunas figuras ilustres. 



En este cementerio se encuentra también la llamada "campana de la esperanza", regalo de Londres a la ciudad de Nueva York en el año 2002.

La entrada a la capilla de St. Paul es gratuita.




Seguimos por la Avenida Broadway, una calle llena de vida y de actividad en ese lunes por la mañana, que es precisamente lo que buscábamos, y que nos llevará hasta otra no menos famosa, Wall Street. 




Pero antes de Wall Street, vamos a entrar a la Trinity Church, la primera catedral de Nueva York y uno de sus edificios más altos cuando se construyó, con lo normalita que resulta ahora. 

Su interior es muy sencillo y también tiene un gran cementerio anexo, lo que viene a ser como un oasis de espiritualidad y paz en una zona no precisamente tranquila.



Cuando llegamos a Wall Street, me espera una pequeña decepción. Yo imaginaba encontrar a grandes tiburones de las finanzas con sus trajes de ejecutivos, pero lo que hay es multitud de turistas por doquier. 










Hay muchos grupos de estudiantes. 
Todos a fotografiarse, de todas las formas imaginables, con la estatua de George Washington, que preside el edificio del Federal Hall.

Nosotros también. Y, por supuesto no hay que perderse la Bolsa, que está justo enfrente. 

Símbolo del poder por excelencia, tantas veces visto su edificio en las películas, siento una especie de sensación de irrealidad de estar aquí. 

Lo mismo que en la zona de Bowling Green, nuestro siguiente punto de destino, más al sur. El pequeño parque en el que tuvo lugar la venta de Nueva York a los holandeses, que menudo negocio hicieron con los pobres indios americanos. 

Nos encontramos una pequeña y curiosa manifestación o acto de protesta en la zona.



Pero aquí la gente viene más bien a fotografiarse con el toro, al que casi todos sabemos lo que hay que tocarle para tener suerte en las finanzas, aunque la mayoría se empeña en hacerse la foto en la parte delantera. 



Este toro, apareció un bien día aquí y aquí se quedó. Los que desaparecieron del mapa fueron los indios americanos, o casi. Pero si queremos recordar lo que fue la cultura americana antes de la llegada del "hombre blanco" tenemos un museo dedicado a ellos, gratuito y abierto todos los días.
Nosotros echamos un vistazo y, seguramente, es más interesante de lo que pudimos apreciar, pues la visita fue rápida. 


Cumplida la primera parte de nuestro programa, estamos en el lugar adecuado para tomar el famoso ferry de Staten Island, ese que también es gratuito (hoy nos está saliendo la jornada barata) y en el que podemos ver de cerca la estatua de la libertad. 



Hay tanta gente que nos parece mentira que todos vayamos a caber, pero es que este barco es un auténtico mastodonte de color naranja, en el que la mayoría somos turistas, pero también personas que simplemente cruzan a Staten Island. 

Hay tres niveles, nosotros a la ida, fuimos a la parte de arriba, y a la vuelta entramos en la de abajo, que nos resultó mucho más cómoda para las fotografías.




 Resulta emocionante verla, la verdad. Te vienen a la cabeza multitud de películas, pero es hermosa y sigue siendo un icono de la libertad. 


Emotiva debe de ser igualmente la visita a la isla de Ellis, que está al lado y a la que acudían todos los inmigrantes cuando llegaban a Nueva York a principios del siglo XX. Uno piensa en lo que debería sentir toda esta gente que venía en busca de oportunidades, ante la presencia de Miss Liberty. 

Tal vez luego las cosas no fueran exactamente cómo las habían imaginado, pero allí estaba ella recibiéndoles, dejándoles soñar con un futuro mejor. 

Nosotros descartamos hacer la visita a la isla donde se encuentra la estatua o a la de Ellis. Hay tanto que hacer en Nueva York y tan pocos días los que podemos estar aquí, que lo tuve que descartar de mi apretado planning. 

El viaje es corto, pero suficiente para las fotografías y el saludo a la famosa dama. 



Tras ello decidimos comer algo en la estación de Staten Island (nos hemos vuelto neoyorkinos, comida rápida y en cualquier sitio, aquí el tiempo es oro) y nos vamos de vuelta.




Vamos ahora a acercarnos a Battery Park, una zona verde, tranquila, donde están los ferrys que van a las islas, pero también el Castle Clinton, algunos monumentos y la esfera del World Trade Center que vino a parar aquí, así tal cual quedó tras los atentados. 




La idea es ir caminando hasta nuestro punto de partida de esta mañana, por la zona que bordea el río Hudson, disfrutando así de las vistas de New Jersey. Así lo hacemos, muy tranquilamente.




Vamos haciendo descansos a menudo, porque acusamos el cansancio desde esta mañana. Los parques son lugares agradables para hacerlo, aunque concretamente éste está lleno de obras,  y tenemos que dar unos cuantos rodeos hasta que llegamos al Museo de los Judíos (lo dicho, esta zona está llena de homenajes, también hemos visto monumentos a los marines, a los combatientes en Corea, etc) y finalmente seguimos río arriba hasta llegar a la altura del World Trade Center, que nos va a permitir visitar el Memorial 9-11.



Un lugar sencillo y emotivo, en el que la entrada es libre. Dos grandes estanques en los lugares en los que antes se situaba cada una de las torres gemelas. Unas placas negras al borde con los nombres de las víctimas. 



Bancos de piedra, en los que puedes sentarte, aunque eso sí, hay policía vigilando el comportamiento de la gente, pues aquí hay que guardar el debido respeto a la zona. Uno imagina el dolor que supuso para Nueva York el vivir ese terrible día y la huella que ha dejado en la ciudad.



Estamos un rato por aquí. Ahora hay un museo, recientemente inaugurado, al que no vamos a entrar. En el memorial no hay mucho más. 



 Mientras descansamos, entablamos conversación con una señoras mexicanas que viven en Estados Unidos y nos cuentan particularidades de los menonitas, un grupo parecido a los amish, del que hemos visto a algunos de sus miembros por aquí. 



 Hoy nos lo estamos tomando relajado, pero es que hemos hecho tantas cosas ya, que lo necesitamos. No podemos forzar el ritmo, vamos con dos niñas y aún nos quedan unos cuantos días. 

Así es que, sin mucha prisa, vamos a complacer a nuestra hija mayor, que se muere de ganas de entrar a la famosa outlet "Century 21". No sé si hay tantas gangas como dicen, supongo que si buscas y buscas, puedes encontrar cosas interesantes. Nosotros salimos con alguna compra, lo que yo no esperaba. 

 Me hace ilusión acercarme a la zona de los tribunales, que está al lado, algo más arriba del City Hall, con no demasiados visitantes. Igualmente escenario de muchas películas. 



Hacemos unas cuantas fotografías, esta vez en solitario y me pregunto por qué hay sitios abarrotados de turistas y otros igualmente interesantes, no son visitados por muchos.

Nuestra intención inicial era terminar el día cerca del Puente de Brooklyn, incluso cruzarlo desde Manhattan y estar por la zona norte de Brooklyn que aún no hemos visitado, contemplando las hermosas vistas del skyline al atardecer. 



Nos vamos a quedar con las buenas intenciones, acercándonos simplemente a la zona de los muelles. 




La del Pier 17 está completamente en obras, así es que nos quedamos en el Pier 16 y en el Pier 15. 



Y así, entre barcos históricos, con vistas a la bahía y contemplando el atardecer, aunque de este lado, que tampoco está nada mal, damos por finalizada una jornada muy intensa.


Ya forma parte de nosotros.

martes, 14 de octubre de 2014

Una semana en Nueva York. Harlem - Morningside Heights, Central Park norte

20 de julio de 2014

El domingo es el día de Harlem. Totalmente de moda eso de ir a una misa gospel y tal. A eso le añadimos el "brunch", que es ese invento medio desayuno, medio comida, que tienen los anglosajones, y con un recorrido por Harlem, ya está echada la mañana. Esta era la idea.
Aprovechando nuestro horario todavía inadaptado ya que nos despertamos a las cuatro o cinco de la mañana, nos ponemos en marcha a temprana hora, para cumplir nuestro objetivo y entrar a una de las misas "madrugadoras", a las ocho y media de la mañana. Pero no contábamos con el metro. Estamos alojados en una zona más bien centro-sur de Manhattan, y Harlem está al norte de Central Park. El metro tarda. Parece que hay problema en alguna de las líneas. Nos cuesta llegar demasiado y son mucho más de las ocho y media cuando nos plantamos en la calle 125, en pleno Harlem. 


Así es que hemos hecho un poco el tonto madrugando. Demasiado tarde para las misas de ocho y media, demasiado pronto para las de las once. 

Ya que estamos aquí, decidimos pasear por el Barrio. De la 125 a la 139,  son calles seguras. El Barrio está realmente vacío, pero bueno, ya se irá ambientando poco a poco. 

Hay un pequeño recorrido sugerido en mi guía de Lonely Planet, que parece interesante. 
 
 

Seguimos por una de sus avenidas, avanzando hacia el norte y, de paso, echando un vistazo a las iglesias que nos vamos encontrando.

Lo más característico de Harlem, son sus viviendas. Esas que hemos visto tantas veces en las películas. Pequeñas mansiones con su escalerita en la puerta. Muchas cuentan con esas particulares escaleras metálicas de incendios, que dan a las fachadas un aspecto característico. 


 

 Si llegamos a la parte final, hay una zona, entre las calles 138 a 139, en el que las viviendas son todavía las de los primeros pobladores de Harlem, allá por 1820, época en la que los primeros afroamericanos comenzaron a llegar por aquí. Vale la pena llegar hasta ellas.


 

Son realmente bonitas y llenas de sabor de antaño. Nos quedamos un rato por aquí y casi puedo decir que serán las fotos más logradas de la mañana.

Llegamos hasta una gran iglesia que,  situándonos en el pequeño plano de mi guía, resulta ser la Abysinian Church. La más famosa en esto de las misas gospel y tambien la más espectacular, dicen. 

Un portero, que más bien parece el "gorila" de una discoteca, está controlando la entrada de la gente, y es que, aunque apenas son las nueve de la mañana y la misa comienza a las once, ya hay gente. El "gorila" se acerca a mi marido y, con malos modos, le señala su camiseta y sus sandalias y le dice que así no puede pasar. No teníamos intención de entrar y ahora menos. Vaya modos. En la misma calle descubrimos un puesto en el que venden o alquilan corbatas y zapatos para que vayas a la ceremonia como es debido. Aquí traen a muchos autobuses con turistas. Pero decididamente, no es nuestro sitio. 

Poco a poco, por las calles va apareciendo la gente. Desde luego, ellos sí van muy elegantes para acudir a las misas, en plan traje los hombres y vestidos brillantes las señoras. Da gusto ver a las abuelitas con sus mejores galas. Se lo toman realmente en serio.


Algunas iglesias son muy pequeñitas y solo se distingue que es una iglesia por el letrero del exterior. La mayoría son baptistas, pero debe de haber una mezcla de los diferentes ritos, en todo el barrio.  

Paso a paso, hemos dado la vuelta completa a la manzana. 
Por visión global de Harlem no habrá quedado y aún no son ni las diez y media de la mañana. Empezamos a estar incluso un poco cansados, aunque las niñas siempre encuentran formas de diversión en la misma calle.



 Finalmente, volvemos a la zona norte (más caminata) para intentar entrar a alguna iglesia de las que hemos visto en nuestro primer recorrido.

En una de ellas, más o menos a la altura de la calle 129, se oye música, aunque no hay nadie en la puerta.



 Nos asomamos por un pequeño hueco y vemos que hay gente bailando en plan soul. El caso es que aún no son las once, hora de comienzo de las misas.  Finalmente un portero nos ve, y nos indica que entremos. Así lo hacemos. Nos sentamos en una zona reservada a los turistas, pero cerca de la gente. Un grupo de mujeres vestidas de rojo, cantan como si fueran el coro de Aretha Franklin. También bailan. Lo hacen estupendamente. 




Mucho ritmo en el que sobresale una vibrante batería. El pastor, parece igualmente un cantante de un grupo de soul-rock. Habla apasionadamente, se emociona y entusiasma y el público le responde, mientras sigue el ritmo. A veces se motiva tanto, que casi salta. Los turistas estamos tímidos. Algunos damos palmas. 

Muy espectacular. Muy preparado para el turista ... también. De hecho, llegó un momento en el que una señoras vestidas de blanco, pasaron un cestito para recoger los donativos, en la zona en la que nos encontrábamos. Antes nos habían preguntado que de dónde veníamos y, finalmente, nos invitaron a dejar la iglesia. Nos vamos tras una breve experiencia de veinte minutos. En la puerta, descubrimos que la gente que estaba en la iglesia, había venido en un par de autobuses. No sabemos a qué horario, ya que en el cartel de la puerta ponía que la misa comenzaba a las once y aún no lo eran. 

La visita me ha sabido a poco. Así es que no me parece mal cuando pasamos al lado de una pequeña iglesia y entramos en ella. Se llama Bethel Church y es minúscula. Tampoco tenemos problema para entrar. Un coro se sitúa tras el altar. Unas señoras nos dan una hoja con todos los cánticos para que los podamos seguir. En esta no hay un pastor, sino pastora. Una señora muy mayor que, a juicio de mis hijas, habla demasiado. Tampoco hay gospel propiamente, sino cantos, muy bonitos, con los que se va acompañando la celebración. Nada que ver con lo anterior, esto es mucho más espiritual y sentido. Junto con otras dos personas blancas, somos los únicos turistas. Pero nuestras hijas se aburren y tienen hambre. Así es que, discretamente, dejamos el templo.

 Un par de muestras de las misas gospel o no gospel, de un domingo en Harlem. 
No podemos decir que no lo hayamos experimentado. Tal vez, al final, hasta hayamos tenido suerte.

De nuevo recorremos la Avenida Malcom X, pero esta vez con un objetivo diferente.




Toca la experiencia "brunch". Con poca fe, vamos a intentarlo en Sylvia's, uno de los lugares más famosos y recomendados por los foros. Pues será que es temprano y la gente aún no ha salido de las misas, pero a la primera estamos dentro. 



Nos llevan a una mesa y nos dan un gran vaso de agua y el menú. Consiste básicamente en platos a base de huevos y pollo. De precio, unos 14 dólares por persona. Nosotros cogemos una opición simple, que consiste en huevos fritos, una ensalada caliente de patatas y bacon. De bebida, incluida en el menú, escogemos la especialidad "Mimosa", que no sabemos lo que es (resultará ser zumo de naranja con algo de champán, muy bueno). A nuestra hija pequeña le dejan coger el menú infantil, aunque ha sobrepasado la edad. Teniendo en cuenta que somos cuatro y que mis dos hijas también tomaron postre, consistente en dos inmensos trozos de tarta de coco y chocolate, el asunto brunch, nos salió un poco caro, pero bueno, valió la pena y el lugar es francamente acogedor.

 Además hay música en vivo y la cantante, pasa por todas las mesas preguntándote de dónde eres y deseándote feliz estancia, lo que resulta simpático. 

Nos gustó y, cuando salimos, había cola, aunque no demasiada. Recomendable.

Tenemos mucha tarde por delante, así es que vamos hasta el teatro Apollo, que hemos visto de lejos. Cuna en cuanto a inicios musicales se refiere, de figuras como Ella Fitzgerald o Aretha Franklin, bien se merece una visita, aunque no pasamos del hall. 



Tienen placas con nombres de los artistas y algunos posters, junto a los que nos fotografiamos para inmortalizar el momento.



 De ahí vamos dirección sur a ver sin encontramos algún mercadillo de esos que dicen que ponen los domingos por aquí. No debimos de coger la calle adecuada. Algún puesto sin demasiado interés, alguna pintada curiosa, y mucho lider negro, en cuanto a la temática elegida, como es natural.



Seguimos hacia abajo (en cuanto a numeración de calles se refiere) lo que resulta más agotador de lo previsto. El brunch nos ha dado energía, pero no la suficiente. Nos aproximamos ya a la zona cercana a la Universidad de Columbia, un barrio conocido genéricamente como "Morningside Heights".  A la altura del Morningside Park, entramos a descansar. Buscamos un banco y, mientras algunos se dedican a observar a unos chicos jugar al béisbol, yo me quedo literalmente dormida. Lo necesitaba. Estamos un buen rato recuperándonos. Las distancias en Nueva York son cosa seria. Hay que tenerlo en cuenta.



Tras el reparador descanso nos vamos en busca de la iglesia de San Juan el Divino, la más grande de la ciudad (la encontramos en obras). 

En su interior, nos sorprende ver que hay, literalmente, dos dragones chinos, ocupando a lo largo, toda su gran nave. 



Están sostenidos en las alturas y no son dragones sino aves fénix, obra de un artista chino.  Intentan simbolizar algunos momentos, no demasiado óptimos, por los que la gran ciudad de Nueva York ha pasado. Es preciosa, la obra, y encontrarla aquí, más.

Acercándonos al altar, descubriremos que hay un coro. Magnífico. Un señor nos invita a sentarnos y escuchar, cosa que hacemos, aunque no demasiado tiempo. Hay tanto que hacer aquí, tantas cosas que ver y disfrutar, que todo se reduce a un mero picoteo. Una semana no da para más. 

Salimos ya camino de Central Park. He desechado cualquier otra idea para la tarde de hoy. Será lo mejor, pues la mañana ha comenzado demasiado pronto. 

Entramos en el parque por el norte. Es una gozada de lugar. Kilómetros y kilómetros de zona verde que hoy no recorreremos, por supuesto, que para eso he previsto la visita en dos partes. Hoy la zona norte, otro día la sur, y así lo vemos al completo. 



Caminos para ciclistas, para caminantes, gente celebrando cumpleaños, picnics, jugadores de béisbol. Vemos un poco de todo, y es que el domingo por la tarde es para disfrutarlo, que ya llegará el lunes. 

Un oasis en pleno Manhattan. Con absoluta calma, nos sentamos en un banco, nos acercamos a los estanques, merendamos. Nuestras hijas juegan un rato. 



Así, sin prisas, llegamos al lago de Jacqueline Kennedy, y de aquí ya no pasamos más. Está rodeado por un cinturon por el que mucha gente va corriendo, entrenándose para alguna maratón, o haciendo ejercicio. 

Nos gusta especialmente la zona cercana al lago, en la que surge la imponente silueta del skyline al fondo.



Serán las fotografías de la tarde. Grande Nueva York. No decepciona.

 Nos queda mucho por ver. Será poco a poco, sin prisas. Conviene dejar un tiempo para las pausas y digerir lo que la ciudad te va aportando, día a día 

Diferentes escenarios. Muchos colores. Diferencias que unen. Dicen que esta es la ciudad que nunca duerme. Para mí, es la ciudad en la que todo cabe. No importa de donde vengas, tu raza o lengua. No importa quién eres o por qué estás aquí. Todos somos neoyorkinos o podríamos serlo. 

Y eso ¿no hace grande a una ciudad como ésta?  

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