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Después de un largo camino, siempre es agradable conversar... aunque hay veces que el silencio es más sugerente.

sábado, 14 de enero de 2012

Cuando fuimos a Lanzarote I



Hemos viajado en varias ocasiones a las Islas Canarias. Siempre hemos venido encantados de la vida y con la certeza de haber elegido un destino privilegiado y bello.


Sin embargo, todavía no hemos hecho ninguna mención en este pequeño blog a las hermosas islas afortunadas.
Por lo tanto y como contraste a los días invernales que vivimos, propongo saldar la deuda, dedicando un par de entradas a la más exótica y peculiar isla de las Canarias, recordando los días de verano que nos llevaron hasta allí. 


Estas son las impresiones de un viaje que, una vez más, nos supo a poco. 

Lanzarote: La isla de fuego.


Cuando fuimos a Lanzarote, nos alojamos en Puerto del Carmen. Como somos de tierra adentro, nos fascina el mar y corrimos a bañarnos a la playa, dejándonos sorprender por un viento cálido que, incansable, chocaba contra las rocas... 




...y por una arena espesa y negra que nos enfrentó, a la vuelta, a la difícil tarea de desprenderla de nuestros trajes de baño, lo que no llegamos a conseguir ninguno de los días de nuestra estancia allí.


A pesar de ser, Puerto del Carmen, una zona turística y que las grandes sorpresas de la isla vendrían después, intentamos, desde la primera toma de contacto con la isla, familiarizarnos con su tierra árida y dura que nos dejaba imágenes inesperadas.





Y lejos del bullicio de las playas del sur, buscando imposibles paseos solitarios, dejamos que Lanzarote nos dejara, desde el primer atardecer, enamorados de una isla que sólo comenzábamos a conocer.



Uno de los días primeros días de nuestra estancia nos acercamos (tomando la gua-gua que, como todo el mundo sabe es el bus canario) hasta  Arrecife


Paseamos tranquilamente por sus calles, en plena vorágine de rebajas de verano y también por su litoral, pudiendo ver la pasarela que conduce hasta el Castillo de San Gabriel y el llamado Puente de las Bolas. 


Ambos fueron construidos para la defensa ante los ataques de los piratas, que siempre es un emocionante motivo para construir algo (bueno, yo siempre veo las cosas desde la perspectiva cinéfilo-aventurera)


Un lugar agradable y uno de los más queridos en la discreta capital de la isla de Lanzarote.


Tampoco tardamos demasiado en hacer el indispensable recorrido por la zona volcánica de la isla.  Decidimos hacerlo en excursión organizada que no es la mejor manera de visitar nada (en mi opinión humilde, humildísima y rebatible, por supuesto) aunque hay que reconocer que ésta no estuvo nada mal. 


Os la cuento.


Un autocar nos recoge en el hotel y, junto con otros turistas, tomamos la carretera que desde la localidad de Yaiza, se dirige a la zona sur de Lanzarote.


 Mientras nos acercamos al primer punto del recorrido, escuchamos las explicaciones del guía que nos va contando como, en el siglo XVIII, Lanzarote sufrió una serie de erupciones que le dieron su aspecto tan característico.




La primera parada nos deja a la entrada del tunel volcánico más largo del mundo. 


Con una extensión de 6 kilómetros en la superficie y 1,5 km bajo el nivel del mar, la "Cueva de los Verdes", forma parte de la colada de lava proveniente de la erupción del volcán de La Corona, que avanzaba hacia el mar, hace más de cuatro mil años.




Hay un recorrido de 2 kilómetros, diseñado en 1964 por Jesús Soto, para ser visitado.
El recorrido, que dura una hora, nos permite apreciar las caprichosas formas de las rocas, como las estalactitas originadas por el goteo de la lava, resaltadas con una iluminación indirecta. 


También hay un auditorio habilitado, dada la excepcional acústica del interior de la cueva.


Nos gustó.




La siguiente parada nos lleva hasta El Parque Nacional de Timanfaya, las montañas de fuego. Nuestro primer encuentro con el simpático diablillo de César Manrique, del que ya hablaremos.


 Pero antes de nada nos dirigimos (nos llevan) al punto, que ya dentro del parque se conoce como "El echadero de camellos".



Como sabemos que a nuestras hijas les hace ilusión, hacemos un recorrido inicial por la ladera sur del volcán de Timanfaya montados en dromedarios (que no camellos) que durará unos veinte minutos.

Muy turístico, terriblemente turístico, mas "guiri" imposible, lo sé, pero al menos, las fotografías quedan chulas ¿no?

                                                     Con camellos:


Sin camellos:


Hay que decir que los recorridos en el Parque del Timanfaya están limitados y es necesario pedir un permiso para realizar una visita con un guía especializado. Ello es debido a la gran fragilidad de los ecosistemas y procesos naturales que tienen lugar en este parque nacional. 


 Nos dejamos llevar adónde quiera que nos lleven y la siguiente parada será en otro lugar típico y turístico, pero que tiene su gracia: El Islote de Hilario. 



Un lugar en el que la temperatura, a tan solo 10 cm. de profundidad es de más de 140 grados.

Introduciendo agua en unos tubos excavados en el suelo...

Pocos segundos después, el agua es devuelta a la superficie en forma de geiser artificial.

Hay un restaurante en el parque que aprovecha este calor intenso que emana de la tierra para asar las carnes.
Creo recordar que se llamaba "El diablo".
Lógico.

El resto de nuestra visita al Parque del Timanfaya lo hacemos en el correspondiente autobús. No es lo mismo que recorrer un lugar caminando, pero si tiene que ser así, lo respetamos.





Admiramos el impactante paisaje volcánico que hace de este lugar uno de los más particulares de la isla.


Decenas de cráteres y piedras van conformando un camino en el que la lava es protagonista.






Timanfaya es parque nacional desde 1974. Su superficie es de 5.100 hectáreas y su perímetro de 30 km. Dentro del parque hay unos 25 cráteres dispuestos en una vega.



El guía continúa dándonos algunos datos como que la última erupción tuvo lugar en 1874 y la más relevante en 1736. 


Fue seis años antes, en 1730 cuando el parque se formó, al abrirse la tierra en la zona oeste de Lanzarote.




Se pueden hacer varias rutas, la más popular es la que nosotros estamos haciendo, "la ruta de los volcanes" que nos lleva en autobús por el interior del parque. 


"La montaña rajada", "La montaña de fuego" "La caldera del corazoncillo", son algunos de los nombres dados a los parajes por los que vamos pasando. Nombres evocadores, incluso literarios. 


A mí, que acababa de leer "el señor de los anillos" de Tolkien por esas fechas, me venía a la cabeza el siniestro reino de "Mordor"...


 Una ruta marciana en Lanzarote. 




La siguiente parada nos lleva a la zona llamada "El Golfo",  otro lugar de peculiar belleza y ya llevamos unos cuantos.




La arena negra de la playa contrasta con el azul del océano Atlántico y la superficie de color verde esmeralda, tras la que se esconde un antiguo volcán afectado por la lava procedente de una erupción (de las que tuvieron lugar entre 1730 - 1736). 


Dentro de ese mismo cráter se encuentra la llamada "Laguna de los ciclos". El color verde se lo da las grandes concentraciones de "ruppia maritima", un tipo de algas de ese color. Curioso ¿no? 




Todavía continúa durante unos minutos más nuestra ruta por el Sur, que tendrá su punto final en la zona vinícola por excelencia de la isla, conocida como "La Geria".


Mientras nos acercamos hacia allí, admiramos los bellos paisajes marítimos por los que vamos pasando en nuestro camino.




La palabra "geria" significa cultivar en agujeros. De nuevo nos encontramos uno de los paisajes más insólitos y extraños de una isla que no deja de sorprendernos.






Resulta que las tierras volcánicas de la isla son sorprendentemente buenas para cultivar la uva. 


Como los vientos son fuertes por aquí, las viñas se plantan en pequeños agujeros en el suelo, y se protegen con unos "muritos" bajos, de piedra, llamados gerias. 
Bien, pues esta es la explicación al misterioso paisaje. 


Un lugar increíble, Lanzarote. 


Una parada breve en la Geria para retomar fuerzas y seguiremos nuestra visita a una isla pequeña que colma todas las expectativas viajeras.






No nos vamos aún de Lanzarote...


2 comentarios:

  1. Hola!! Desde que vi "Los abrazos rotos" tengo muchas ganas de ir a Lanzarote, pero nunca encuentro una opción barata para volar a la isla y al costarnos más barato ir a Milá o Bolonia por poner un ejemplo, tiramos para esos sitios, pero tendremos que ponerle remedio. Me hace gracia tu comentario de que váis a la playa aunque haga viento porqur no la tenéis cerca, jajaja, yo soy más intransigente con eso, y como vivo a nada de la playa, con viento, ni loca, jajaja, y menos si es el temido levante que nos azota por estas tierras, arggg no lo soporto, pero es bien cierto que puedo esperar que deje de hacer levante y entonces me acerco, es un lujo vivir cerca del mar. Estaré pendiente de las próximas entradas de Lanzarote y ah, lo del dromedario es una turistada, pero a veces molan esas cosas ;)

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  2. En Zaragoza sabemos mucho de vientos (cuando sopla el cierzo casi tienes que agarrarte a las farolas), pero, lo que son las cosas... cuando he vivido fuera de mi ciudad, hasta lo he echado de menos. Hablando de Lanzarote, es un destino fascinante. Las Canarias, en general, lo son, pero el exotismo de Lanzarote es único. Muy listo Almodóvar, eligiendo sus localizaciones, a ver si le echo un vistazo a la película que la vi hace tiempo.
    Un abrazo y una vez más, gracias por pasarte por aquí y hacérmelo saber.

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